De no saber leer y escribir a graduarse de la premedia, un relato que nos enseña que nunca es tarde para aprender

Es un martes de julio en el Centro Educativo Básico General de Playa Chiquita en La Chorrera, y aunque el calor agobia reina un ambiente de camaradería en el salón 2B donde cinco estudiantes entre 33 y 62 años aprenden matemáticas, español y geografía. Están animados, felices, porque en diciembre recibirán su diploma de premedia. Hace 4 años atrás, Pedro Bedoya de 62 años, Ruth B. Díaz de 53, Carlos Jiménez de 34, Marylin Miranda de 33 y Evila de Salinas de 33 años no sabían leer ni escribir. Por diferentes motivos no terminaron la primaria, pero la vida da revancha y en esas segundas oportunidades que otorga el destino, ingresaron al programa de Alfabetización del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES). En siete semanas y media la maestra voluntaria Tatiana Guevara de León los alfabetizó. El grupo quedó tan fascinado con lo que aprendieron que decidieron seguir estudiando. Con la ayuda de su maestra ingresaron al programa de Teleeducación para jóvenes y adultos del MEDUCA donde iniciaron desde cero. Ingresaron a primer grado y juntos terminaron la primaria. Luego cursaron el séptimo y octavo grado. La meta es seguir estudiando hasta conseguir el bachillerato y algunos de ellos darán el salto a las grandes ligas: la universidad. Tres veces a la semana en un horario de una a tres de la tarde la profesora Luz Castillo los recibe para enseñarles diferentes asignaturas. La evolución de este grupo es notoria. Leen y escriben perfectamente apegados a las reglas gramaticales, dictan charlas sobre temas varios y resuelven operaciones matemáticas. Castillo asegura que sus estudiantes son unidos. “Aquí todos van al mismo ritmo, si uno no sabe él otro le ayuda. Trabajan sobre una premisa: comenzamos juntos y terminamos juntos. Su tenacidad y valor es un faro de esperanza que envía un mensaje alto y claro: nunca es tarde para aprender”, afirma Castillo. Sus historias es solo una de las muchas que han sido moldeadas por el programa “Muévete por Panamá” que utiliza el método “Yo, Sí Puedo”, que desde su creación en el 2007 ha logrado alfabetizar a 82,494 ciudadanos en todo el país. ¿Por qué no se educaron? Evila, Marylin y Carlos nacieron en la Comarca Ngäbe-Buglé. Carlos es oriundo de la comunidad de Cerro Mosquito en el corregimiento de Chichica Cabecera, donde el índice de pobreza multidimensional es del 94.0%, de acuerdo con el IPM-C, elaborado por la Secretaría Técnica del Gabinete Social del Mides. Carlos solo cursó el tercer grado. Ante la ausencia de su padre, que viajaba periódicamente a Costa Rica a trabajar, asumió el rol del hombre de la casa. Mientras cumplía ese sagrado mandato ancestral del trabajo en la huerta, se escapaba sin querer de la magia que vive un niño en el salón de clase, de la fascinación de leer un libro y de las aventuras imaginarias que se siente cuando se lee un cuento. Su historia, pese a estar llena de desafíos e injusticias, apunta a tener una final feliz. Carlos quiere ser abogado. Con su profesión quiere ayudar a su comunidad, por eso se aplica y pone atención a cada detalle que le dicta su profesora. Carlos es uno de lo más aplicados del salón, cuándo la profesora Luz lanza una pregunta es el primero en contestar. Marylin nació en la comunidad de Alto Estrella, un poblado rodeado de montañas. Trabajó desde pequeña en el campo. Las necesidades que había en su hogar eran apremiantes. Recuerda con nostalgia que debido a los trabajos que le tocaba realizar no tuvo tiempo para sentarse en una banca a colorear y a jugar con masillas como los niños de su edad. Su analfabetismo la marginó por años. Cuando emigró de la Comarca Ngäbe-Buglé a la capital, se encontró con una sociedad interconectada que le exigía por lo menos leer para realizar acciones sencillas como abordar un bus. Y si alguien le enviaba un mensaje a su celular, debía pedir ayuda para que le interpretara el texto que había recibido. Con 33 años, su meta es ir a la universidad y ser una inspiración para sus hijas y su familia, que son testigos fieles de lo mucho que ha logrado. Evila llegó hasta segundo grado. Lo poco que aprendió lo olvidó con los años. Relata que sus padres por falta de dinero no pudieron enviarla a la escuela. Debió trabajar desde pequeña para ayudar en los gastos de la casa. Ingresó al programa de alfabetización motivada por su hija Melani Carpintero. Cuando Melani llegaba a casa cargada de tareas no podía ayudarle. No entendía nada de lo que estaba escrito en los cuadernos de su hija. Fueron años difíciles hasta que ingresó al programa de alfabetización. Desde que Evila fue alfabetizada, todo cambió en casa. Reconoce que ahora es una mujer segura que mira el futuro con optimismo. También quiere ir a la universidad. Su paso por el programa le permitió ayudar a su hija con las tareas. Melani ha subido sus calificaciones. Actualmente, su hija cursa el sexto grado con un promedio final de 4.7. Una calificación que motiva a Evila a seguir estudiando junto a sus compañeros. Ruth y Pedro también tienen mucho que contar. Al igual que sus compañeros, tuvieron una niñez acelerada. Debieron hacer el trabajo de un adulto (trabajar) cuando todavía eran unos niños. Y esa inversión de roles les pasó factura. La alfabetización en cifras De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en el mundo viven 765 millones de adultos que no saben leer ni escribir. El Censo de Población y Vivienda de 2023 reveló que el 3.7% de su población es iletrada, es decir, 123,674 personas, de acuerdo a un informe del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), de la Contraloría General de la República. Estas cifras revelan que Panamá es un territorio libre de analfabetismo. De acuerdo a la UNESCO un territorio es libre de analfabetismo cuando reportan una tasa inferior al 5%. A pesar de
200° al este de la Luna

En el edificio Margot Fonteyn de la Ciudad de las Artes se presenta la novela 200° al este de la Luna de la periodista Ma. Victoria López y García, y con esta obra literaria se inaugura la sala de los escritores del Museo de los Aretes Perdidos, primer museo 100% virtual de Panamá. La llegada del lenguaje escrito, ejemplificado por los sumerios, marcó un avance significativo en la comunicación y el registro de los cambios en la humanidad. Con las grandes conquistas y poderes económicos creció el arte de cultivarse en los menesteres de la lectura y surgen las principales bibliotecas conocidas de la antigüedad. Desde el 1,190 a.C. en Turquía, pasando por Nínive 668 a.C., Atenas en el siglo IV a.C., Alejandría 295 a.C., Antioquia, Pérgamo, Efeso III d.C., Ercolano, Roma y Constantinopla en 337 d.C., esta fue la última de las grandes bibliotecas de la antigüedad. Con la modernidad, en el 1954 la IBM introduce la IBM 704 la primera computadora producida en masa y en 1973 Martin Cooper realiza la primera llamada telefónica móvil. A partir de este evento cambia el mundo, Internet, dispositivos móviles, redes sociales, Big Data: el poder de la información. Nace la era de las bibliotecas digitales. Es por ello, que la autora de » 200 ° al este de la Luna”, decide lanzar su primera novela en forma digital, con el propósito que su lectura tenga el acceso desde cualquier lugar, en cualquier momento y desde el dispositivo móvil. El Museo de los Aretes Perdidos, primer Museo de su género en el mundo abre las puertas a los escritores, con la inauguración de la sala de «Las Musas” y la presentación de esta narrativa literaria cargada de humanidad que presenta la vida con todos los recovecos propios de tantas personas que se verán retratadas en el espejo de la protagonista. Migraciones, invasión, sostenibilidad y conciencia hacen un recorrido enriquecedor al lector y preserva para la posteridad la forma de sentir y vivir de la sociedad del siglo XX y XXI, «200° al este de la Luna » es ver la vida con los pies bien puestos sobre la Tierra.
La Biblioteca Nacional forma a jóvenes investigadores

Hace poco terminó el taller de verano Investigo y publico contenido verificado y cool, dirigido a adolescentes entre 13 a 18 años de edad. Esta actividad tiene como propósito motivar a las nuevas generaciones a hacer uso del patrimonio documental que reposa en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R. No es un curso de historia, advierten sus organizadores. Por el contrario, son talleres para despertar la curiosidad y el deseo de saber más acerca de hechos históricos. Se les enseñan o refuerzan principios básicos del periodismo, como la redacción, consultar fuentes válidas, el ordenamiento de la información, la entrevista y la divulgación de lo construido. Este año las facilitadoras fueron la editora Karen Bernal, la productora audiovisual Mariana Chacón y la periodista Dayana Rivas, por parte de la Biblioteca Nacional. La Biblioteca Nacional suele utilizar un tema como hilo conductor para guiar a los participantes en el proceso de aprendizaje. Abordaje que por lo general está enmarcado en las relaciones de Panamá con Estados Unidos. En este taller se habló del 9 de Enero de 1964, La Invasión y el Canal de Panamá. Además del acceso a los valiosos documentos de esta casa de la memoria nacional como parte del taller, los jóvenes recibieron las visitas de Briseida Bloise, quien fue directora de los Campamentos de Albrook, tras los hechos del 20 de diciembre de 1989; Manuel Rivera, coleccionista e investigador del tema militar en Panamá; el Dr. Aristides Royo, expresidente de la República, actual ministro para Asuntos del Canal y negociador de los Tratados Torrijos-Carter; Orlando Acosta, director de Memoria Histórica del Canal de Panamá y del Dr. Rimsky Sucre, héroe del 9 de Enero de 1964. La construcción de los conocimientos tuvo como ingredientes principales la sorpresa, la admiración y el reconocimiento de las carencias. Para los jóvenes fue muy emocionante estar cerca de destacadas fuentes como lo son Royo, Sucre, Bloise, Acosta y Rivera. Los admiraron apenas comenzaron a escucharlos; pero esos mismos personajes dejaron de manifiesto lo maravillados que se sintieron al percibir la avidez e inteligencia que brotaba de la joven audiencia. Después de dos semanas de recibir herramientas y tener a mano las fuentes de información, cada participante elaboró un producto escrito o audiovisual acerca de alguno de los tres temas manejados. Estos fueron presentados en el cierre del curso ante las autoridades de la Biblioteca Nacional e invitados especiales. Los trabajos serán publicados en las redes sociales de la Biblioteca Nacional.
Libro Panameño Gana Premios Gourmard Awards

El libro “Tito y Lola y el poder del agua en la Cuenca del Canal de Panamá”, del reconocido gastrónomo panameño Jorge Chanis, resultó ganador por segunda vez en Best of the World de los prestigiosos Premios Gourmand 2023. El libro obtuvo el primer lugar en la categoría “Libros de Clima y Comida – Sostenibilidad”. También, recibió el segundo lugar en la categoría “Libros de Marcas Corporativas – Mejores Editores”, y el tercer lugar en la categoría “Libros de Comida para Niños – América”. Los Premios Gourmand son considerados como los “Óscares de los libros de cocina”.“Tito y Lola y el Poder del Agua en la Cuenca del Canal de Panamá” cuenta otra aventura de Tito y Lola, ahora acompañados de Taka y Rocío, dos niños de la comunidad indígena Emberá Querá, quienes les muestran su cultura y cómo valoran el agua. Juntos realizarán un mágico viaje que los ayuda a conocer la importancia del recurso hídrico y cómo se utiliza el agua que se almacena en los embalses del Canal para garantizar el funcionamiento de la vía interoceánica y, sobre todo, para abastecer a más de la mitad de la población del país, luego de someterla a un proceso de potabilización. “Ampliar la comprensión sobre el agua que se produce en la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá por medio de la ilustración y la narración siembra en la niñez una conciencia que los acompañará toda la vida. En este sentido, desde su publicación hemos llevado un sinnúmero de ejemplares de “Tito y Lola y el Poder del Agua en la Cuenca del Canal de Panamá” a nuestras giras nacionales de Casa Espacio Canal, para llevar un mensaje de sostenibilidad que impacta no solo al niño lector, sino también a su familia y su comunidad. Nos sentimos muy orgullosos de que el reconocimiento de Gourmand Awards muestre al mundo la sensibilidad de Panamá en torno al agua” Destacó Lorena Fábrega, vicepresidenta de Comunicación e Imagen del Canal de Panamá. Para plasmar sus ideas de manera más cercana a la realidad, el autor Jorge Chanis recorrió los puntos de la Cuenca del Canal donde se desarrolla su historia; conoció de cerca procesos como el funcionamiento de las esclusas del Canal, las plantas potabilizadoras, así como el resto de las instalaciones canaleras que le resultaron interesantes para compartirlas con sus lectores. El equipo editorial del libro está formado por Annie Pereda (ilustradora) y Julieta Ledezma (editora), quienes también celebran este reconocimiento. Los Premios Gourmand se fundaron en 1995 para dar una visión general de los mejores libros gastronómicos alrededor del mundo. En esta edición, participan 1,558 selecciones de 227 países y regiones que buscan llevar a los lectores a lugares que jamás han visitado, motivados por su gastronomía.
Adultos fueron alfabetizados con el programa “Muévete por Panamá”

Dentro del corregimiento rural de Caimito de Capira, en la provincia de Panamá Oeste, se escribió un capítulo maravilloso con letras indelebles, que llena de orgullo a cada uno de los que allí residen. Es la historia de superación de 16 de sus habitantes, los cuales se convirtieron en los nuevos graduandos del programa de Alfabetización “Muévete por Panamá”, que desarrolla el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) a nivel nacional. Los graduandos son ciudadanos entre 29 y 83 años, quienes aprovecharon el programa de Alfabetización para cerrar un ciclo de sus vidas y así saldar una deuda pendiente que los mantenía alejados de la riqueza del alfabeto. Actualmente, Panamá Oeste es la segunda región del país con más alfabetizados (849) durante la administración del presidente de la República, Laurentino Cortizo Cohen (de julio de 2019 a agosto de 2023), después de la Comarca Ngäbe Buglé (1,193). Abuelos, abuelas, madres, padres y tíos fueron los graduandos durante aquella mañana radiante en el corregimiento de Caimito. Fue un momento especial e inolvidable no solo para los graduandos, sino para los nietos, hijos y sobrinos, por ser los que les tocó la hermosa misión de enseñarles a sus seres queridos a escribir sus nombres y apellidos, a sumar y restar. La participante de mayor edad en la graduación fue Marcelina De León Núñez, de 83 años, quien con la ayuda de su hija Sofía Martínez De León (maestra voluntaria) aprendió a leer y escribir. Las clases la recibía en su casa, en un horario flexible y con una metodología teórica-práctica. Marcelina, al igual que la mayoría de sus contemporáneos, no asistió a la escuela, porque la prioridad en aquellos años era trabajar en la huerta, y ayudar en los quehaceres del hogar. Además, recuerda que el colegio estaba distante y no había dinero para comprar los útiles escolares. “Alfabetizarla fue una experiencia hermosa, porque me acercó más a mi madre. Ella tenía interés de aprender a escribir su nombre, y hoy ese sueño se hace realidad”, comentó entusiasmada Sofía. Mientras que José Del Campo, un maestro de carrera de 24 años de edad, alfabetizó a su madre, Matisluz Sanjur Núñez, de 44 años, y a su abuela Faustina Núñez Mendoza, de 66 años. José comentó que fue un privilegio enseñarle a su abuela a escribir sus primeras palabras. “Estudié educación superior, porque me gusta enseñar, y estoy contento que mi mamá y mi abuela sean mis primeras alumnas adultas. Debo decir que fue una experiencia que volvería a repetir con mucho gusto” comentó Sanjur. Faustina, la segunda de 17 hermanos, no asistió a la escuela porque debía atender a sus hermanos y ayudar en las tareas de la casa. Mientras trabajaba en la huerta —cosechando yuca, ñame, otoe y otros tubérculos más— se escapaba sin querer de la magia de las aulas, de la fascinación de leer un libro y de las aventuras imaginarias que se siente cuando se navega por las letras de un cuento. Ahora que sabe leer, Faustina está descubriendo un mundo que siempre estuvo frente a sus ojos, pero que desconocía. Otra historia de superación fue la de Cipriano Rodríguez, de 77 años, quien fue alfabetizado por su hija Marisín Rodríguez, de 19 años. Marisín también le enseñó a leer y escribir a sus tíos Genaro Rodríguez, Victoriano Rodríguez y Marta Chirú. La maestra voluntaria Zuleyka Gutiérrez, de 38 años, también alfabetizó a su abuelo Bernardino Nieto, de 72 años, y a tres parientes más. En tanto, Leydis Alonso, de 35 años, le dio clases a su hermano Melquisedec Isaías Alonso, de 29 años; mientras que Santos Perfecto Núñez, de 74 años, aprendió a leer y escribir de la mano de su vecina Carmen Ovalle, de 32 años. La graduación de estos orgullosos ciudadanos no pasó desapercibida. El pueblo de Caimito acompañó a los suyos en la Junta Comunal del lugar, donde se realizaron varios actos culturales para celebrar este momento único en sus vidas. Panamá es prácticamente un territorio libre de analfabetismo La alfabetización es un recurso que empodera a los ciudadanos y los hace independientes. Además, los incorpora a la sociedad como agentes de cambio, capaces de valerse por sí mismo. Con el programa de Alfabetización “Muévete por Panamá” y el método “Yo, Sí Puedo”, han aprendido a leer y escribir 5,145 personas a nivel nacional, de julio de 2019 a agosto de 2023. Los logros de este programa se reflejaron en los resultados del último Censo de Población y Vivienda de 2023 efectuado por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), de la Contraloría General de la República, que arrojó que Panamá tiene 3.7% de personas que no saben leer ni escribir, estadística que lo convierte prácticamente en un país libre de analfabetismo. La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) considera “territorio libre de analfabetismo” a aquellos países que reportan una tasa inferior al 5%. A pesar de este logro, el MIDES sigue avanzando con su programa. En la actualidad existen 170 ambientes funcionando, donde 141 maestros voluntarios le están enseñando a leer y escribir a 554 personas de todo el país. “El compromiso del Gobierno Nacional es promover un desarrollo social y económico en todos los estratos sociales, y esto incluye a las personas que, por diversos motivos, no pudieron ingresar al sistema escolar” enfatizó la ministra del MIDES, María Inés Castillo Para que cada panameño y panameña acceda al derecho de la educación, el MIDES ha instalado ambientes de aprendizaje en diferentes puntos de la geografía nacional, que van desde ranchos hasta escuelas, los cuales se equipan con los recursos necesarios para impartir las clases. Cada ambiente de aprendizaje es equipado con tablero magnético, marcadores, un televisor y un reproductor de DVD. Igualmente, se le entrega a los iletrados las cartillas, lápices y cuadernos del proyecto, a fin de que puedan dedicarse plenamente en la asimilación de las clases.