HISTORIAS

Te contamos las historias más motivadoras que puedas conocer, son ejemplos de vida que nos recuerdan que no podemos perder la fe en la humanidad.

Mi vida: historias de una mujer periodista

Se trata del primer libro de la periodista panameña, Yesibel Bethancourt, quien se formó en el Programa Bestseller en 7. Este primer libro está dedicado a la memoria de su madre, Alicia Escudero de Bethancourt, quien dio su último suspiro en el Instituto Oncológico Nacional, en febrero del año 2018 En la obra, que consta de siete capítulos, se hace un repaso de la infancia y la adolescencia de Yesibel; de igual forma, su viaje por un canal de televisión comercial panameño. Además, se abordan temas que pueden producir escozor como la salud mental y el cáncer; incluye ejercicios prácticos, recomendaciones en materia de comunicación asertiva, algunos versos y todo esto, con un storytelling seductor, divertido y profundo. Dicho proyecto tiene el propósito de impactar de manera positiva la vida de otros seres humanos. Por ello, un porcentaje de las ventas se destinará a la labor que lleva adelante la Asociación de Amigos y Voluntarias del Oncológico, conocida por sus siglas como ADAVION.

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La historia de la mujer de la Comarca Ngäbe Buglé que logró educar a su hija con el programa Red de Oportunidades

Cuando Yaneth Ortega subió al estrado, no dudó en alzar su diploma con las dos manos y dedicárselo a su madre: “¡Este título también es tuyo, mamá!”. Al instante, recordó todos los sacrificios que hizo su progenitora, Isidora Carrera, para que ella pudiera asistir a la máxima casa de estudio: La Universidad de Panamá. Asistir a la universidad siempre fue el sueño de Yaneth, un deseo que parecía lejano, más cuando se vive en el corregimiento de Sitio Prado, en la Comarca Ngäbe Buglé, que presenta un 97.6% de incidencia de personas en situación de pobreza, de acuerdo con el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM-C) a nivel de distritos y corregimientos elaborado por el Gabinete Social del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES). El deseo de Yaneth parecía un gigantesco obstáculo, pero no para Isidora, quien movió cielo y tierra para que el sueño de su hija se hiciera realidad. Primero consiguió que se graduara en la Escuela Normal de Santiago, considerada la cuna de la educación panameña. Luego, hizo que su hija iniciara estudios en el centro regional de la Universidad de Panamá de la Comarca Ngäbe Buglé. En este camino, Isidora da gracias a Dios por haber ingresado a Red de Oportunidades, uno de los Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (PTMC) del MIDES. Y es que con la transferencia monetaria que recibía trimestralmente, pudo sufragar los gastos de movilización y alimentación de Yaneth. Igualmente, le ayudó para costear los múltiples trabajos e investigaciones que le dejaban los profesores a su hija. Orgullosa y con una sonrisa en su rostro, Yaneth entró a su casa forrada de zinc y sacó de un folder dos títulos que tienen estampado el sello de la Universidad de Panamá. El primero le otorga la Licenciatura en Educación Primaria y el segundo le confiere el Profesorado en Educación. “Estudie con mucho sacrificio. Mi madre me ayudó a conseguir este título, por eso le debo mucho. También le agradezco a la Red de Oportunidades, porque gracias a esa transferencia pude estudiar y convertirme en una profesional” Aclaró Yaneth, de 31 años, quien el próximo año competirá por una plaza como maestra en su pueblo natal. Confesó que estudió educación, porque quiere contribuir en la educación de su pueblo. Se siente privilegiada de lograr un título universitario, pero al mismo tiempo siente que tiene la obligación de compartir ese conocimiento con su gente. “Le puedo decir con seguridad que la educación y el trabajo es la única vía para salir del ciclo de la pobreza. Si yo pude superarme, todos pueden. Soy un ejemplo de que, con voluntad y oportunidades, podemos lograr el éxito” Enfatizó Yaneth, quien es madre de dos hijos. La Red de Oportunidades genera emprendimientos: Isidora, de 53 años y madre de seis hijos, cree que los Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (PTMC) deben utilizarse para crear oportunidades. No basta recibir el dinero sin darle un buen uso, es necesario emprender, para así no depender, únicamente, del apoyo que brinda el Gobierno Nacional. Con la asistencia técnica que recibió del MIDES, Isidora cultiva gran parte de los alimentos que consume. Tiene un pequeño estanque de tilapia con 200 peces que le proveen de proteína. También cultiva conchas, que ella prefiere prepararlas guisadas. Además, cosecha plátanos, yuca, otoe y maíz. Igualmente, con las transferencias de la Red de Oportunidades compró unos pollos que, con el pasar de los años, se han multiplicado. Regularmente, los vecinos van a su casa para comprarles gallinas y huevos. Este emprendimiento le genera ingresos para cubrir sus gastos básicos. Isidora se describe así misma como una mujer privilegiada por todo lo que ha logrado, principalmente por su hija, que es una profesional gracias a las transferencias que le ha otorgado el Gobierno Nacional. Los PTMC empoderan a las mujeres rurales: La ministra del MIDES, Beatriz Carles de Arango, precisó que la historia de Isidora confirma que los Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas (PTMC) están dirigidos a atacar la pobreza y la vulnerabilidad en el país. “Las mujeres en la Comarca Ngäbe Buglé tienen un rol protagónico y ejercen un liderazgo que estamos aprovechando para empoderarlas y ayudarles a que sean protagonista de un desarrollo sostenible” Precisó la ministra Carles de Arango.

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Nueve especies de uvas son las más antiguas del hemisferio occidental

Antiguas semillas de uva fosilizadas, procedentes de Panamá, Colombia y Perú, ofrecen una perspectiva de la evolución de las plantas tras la extinción de los dinosaurios. Las semillas de uva son mucho más duras que las de muchas otras frutas, por lo que es más probable que se conserven como fósiles. Pero sólo recientemente un grupo de paleontólogos ha encontrado semillas de uva fosilizadas en cuatro yacimientos diferentes de América Central y del Sur que arrojan luz sobre la evolución de la familia de las uvas, las vitáceas, tras la extinción de los dinosaurios. Fabiany Herrera, científica del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), y sus colegas, han dado nombre a dos especies descubiertas en Panamá. Cissus correae, descubierta en el Corte Gaillard del Canal de Panamá durante el reciente proyecto de ampliación del canal, fue nombrada en honor de Mireya Correa (1940-2022), profesora de botánica de la Universidad de Panamá y científica de STRI «por sus muchas contribuciones botánicas y su trabajo sobre la flora de Panamá». Se calcula que este espécimen tiene entre 19 y 18.5 millones de años. Leea mcmillanae, descubierta en la península panameña de Azuero, fue bautizada en honor de Jennifer McMillan, directora asociada de promoción de STRI, por su continuo apoyo a la investigación paleontológica en los trópicos del Nuevo Mundo. La semilla fósil tenía probablemente unos 34 millones de años. Las otras especies recibieron los siguientes nombres: Lithouva susmanii, por Arthur T. Sussman, que impulsó la investigación paleobotánica en Sudamérica, y Ampelocissus wenae, por Jun Wen, experto en la evolución de la familia de la uva. Un comunicado de prensa del Museo Field destaca la antigüedad de nueve especies de plantas de la familia de las uvas, las Vitaceae, que aparecieron en la Tierra aproximadamente al mismo tiempo que se extinguieron los dinosaurios. Estos especímenes representan las especies de uva más antiguas del hemisferio occidental. Los primeros miembros de esta familia de plantas se identificaron a partir de fósiles de 66 millones de años procedentes de la India. Mónica Carvahlo, profesora adjunta de la Universidad de Michigan y antigua becaria postdoctoral Tupper en STRI, descubrió la especie más antigua de este grupo, Lithouva susmanii, en Cundinamarca (Colombia), un espécimen cuya antigüedad se estima entre 60 y 58 millones de años. En la actualidad existen unas 950 especies de uva en el mundo, de las cuales unas 100 son autóctonas de los trópicos americanos. El equipo sugiere que los cataclismos que provocaron la extinción de los dinosaurios, o la ausencia de los propios dinosaurios, modificaron los bosques tropicales de tal manera que dieron origen a las uvas y a muchas otras especies de plantas con flores. Como las uvas tienen semillas muy duras, se conservan mejor en el registro fósil que muchas otras especies frutales. Los autores del estudio son Fabiany Herrera (Museo Field), Mónica Carvalho (Universidad de Michigan), Gregory Stull (Museo Nacional de Historia Natural, Instituto Smithsonian), Carlos Jaramillo (Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales) y Steven Manchester (Museo de Historia Natural de Florida, Universidad de Florida). El Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, en ciudad de Panamá, Panamá, es una unidad de la Institución Smithsonian. El Instituto promueve la comprensión de la naturaleza tropical y su importancia para el bienestar de la humanidad, capacita estudiantes para llevar a cabo investigaciones en los trópicos, y fomenta la conservación mediante la concienciación pública sobre la belleza e importancia de los ecosistemas tropicales.

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«Soy un cineasta de lo social, es decir, de las contradicciones cotidianas que se presentan en nuestra sociedad»: Luis Romero (Entrevista)

Por: Raúl Rubio GuardiaPeriodista y escritorEspecial para www.lobuenosedice.com A los 8 años, Luis Romero nunca imaginó que recibiría un regalo de su progenitora, Mireya Hernández, dramaturga y escritora panameña, el cual le cambiaría la vida y lo introduciría en el mágico mundo del séptimo arte: un proyector para ver películas. Y es que precisamente es a partir de ese momento, con dicho regalo, que Romero empieza a descubrir todo lo relacionado con el tema de las imágenes en movimiento, lo que le permitiría más adelante en su edad adulta contar historias maravillosas de temas sociales. Formado en Comunicación Social en la República Federativa de Brasil, con un postgrado en Dirección de Cine y Televisión de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Munich, Alemania, Romero hace énfasis en el significado del cine para él como especialista en este arte, del papel de los cineastas en Latinoamérica, así como de todo lo que involucra la producción de una pieza cinematográfica, llámese documental, película, entre otros. 1-¿En qué momento se dio cuenta que le gustaba el cine? Creo que la culpa es de mi mamá, Mireya Hernández, quien fue una escritora y dramaturga panameña. Me regaló un proyector para ver películas a los 8 años. Desde entonces mi pasión por las imágenes en movimiento y las historias que uno puede contar con ellas, no ha parado. 2-¿A qué edad tuvo su primera experiencia como cineasta? Es una pregunta importante, porque el tema de la formación como cineasta creo que a veces lo pasamos por alto. Hoy en día se puede hacer mucho más democráticamente que antes, dado que la tecnología permite con mínimos costos trabajar un audiovisual, pero no podemos olvidarnos del tema del aprendizaje del lenguaje, de cómo contar a través de secuencias, de cómo hay una dramaturgia que tiene que hilar la historia. Eso básicamente se aprende estudiando la carrera de cinematografía, o realizando cursos de cinematografía, o con mucho, mucho interés en lecturas sobre cinematografía y guiones, al alcance de todos a través del internet. Quiero decir con esto, que la experiencia como cineasta proviene posterior a mis estudios universitarios. Previo a eso, creo que uno hacer ejercicios audiovisuales desde adolescente, pero, yo creo firmemente en la formación de lenguaje cinematográfico, antes de contar una historia, en la importancia del guion, la estructura, la dramaturgia y muchos elementos que tienen que estar presentes. 3-¿Qué lo motivó a dedicarse al séptimo arte? Creo que es una combinación de muchas cosas, y cosas principalmente ligadas a la cultura. En la medida en que nosotros nos impresionemos con el mundo que vivimos, principalmente con el mundo de la cultura, en esa misma medida nosotros estaremos alimentando nuestro espíritu creativo, para expresar posteriormente lo que viene dentro de nosotros a través de un audiovisual. En la medida en que nos guste la literatura, aprenderemos mucho de la narrativa, en la medida en que nos guste la pintura y las artes plásticas, aprenderemos mucho de la composición audiovisual, en la medida que nos guste la buena música, las composiciones complejas de la música, aprenderemos a darle sentido dramatúrgico a las melodías que usamos a la hora de musicalizar una historia audiovisual, en la medida que nos guste el teatro, aprenderemos el manejo del espacio escénico y cómo dirigir a los actores, en la medida que nos guste la danza, aprenderemos el manejo del cuerpo el manejo de los movimientos. El séptimo arte es la conjugación de todas estas artes, en una sola expresión de imagen en movimiento. Eso me motiva la cultura, nuestra cultura el placer de cultivarse cada día. 4-¿Cuál es la faceta que más le gusta ejercer como cineasta? Esta es una buena pregunta para cualquier realizador latinoamericano. En América latina uno tiene que ponerse varios sombreros a la vez. No es tan fácil dedicarse a la dirección únicamente cuando a veces en una producción sin presupuesto tenemos nosotros mismos que producir, o tenemos nosotros mismos que usar la cámara, o editar. Es decir, el cineasta latinoamericano es una especie de juglar del audiovisual. Por un lado, no es lo ideal, pero por el otro nos enseña las diferentes facetas que hacen parte de nuestro trabajo y enriquece el momento en que tienes que dirigir y organizar el trabajo. 5-¿Qué temas le apasiona tratar a la hora de escribir un guión para cine? Yo soy un cineasta de lo social, es decir, de las contradicciones cotidianas que se presentan en nuestra sociedad, de las disparidades, de las injusticias y también como ya mencioné, soy un cineasta de lo cultural, de la historia de nuestro país. Eso se verá reflejado siempre en mi trabajo, sea un documental o sea para el guion de la película de ficción que estoy trabajando. Yo creo que el cine, y principalmente el cine latinoamericano, debe generar una identidad social. Es una herramienta para la construcción de una sociedad más justa, una sociedad que sepa verse mejor reflejada en las imágenes del cine que producimos. 6-¿Qué representa para usted el cine en un país como Panamá? No solo para Panamá, sino para el mundo, el cine es parte de nuestras vidas. Es compartir sueños. Es un espejo que denota lo que somos y cómo somos. De ahí la importancia de hacer un cine que nos represente. Más allá de un cine que presente estructuras prefabricadas, debemos encontrar el camino de hacer nuestro cine panameño.7-El mejor y el peor momento que recuerde como cineasta Los mejores momentos de mi trabajo siempre los vivo en cada nuevo trabajo. El documental te enseña a escuchar aquello que te está contando “el otro”, que en el caso es el entrevistado. Eso te hace crecer, te hace descubrir otros ángulos de aquella historia, que por la investigación previa tú creías de antemano conocer. Eso para mí es lo más valioso de mi trabajo. Peores momentos, son solo los momentos en los que hay que resolver alguna una situación del rodaje, pero ninguno va a estar por encima del valor del producto

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Agripina Domínguez, la abuela santeña que confecciona polleras

Agripina Domínguez lleva más de 60 años dando cátedra de cómo se confecciona el traje típico más bello del mundo: la pollera.Cursó hasta sexto grado, pero en temas de costura es toda una institución. Sus vestidos se han lucido en grandes escenarios, como el del Festival Nacional de la Pollera, concursos y otras fiestas regionales de nuestro país.Trabaja con herramientas básicas: aguja, carretes de hilos, telas y un secreto que solo se revela cuando sus manos se combinan. Agripina nació el 3 de junio de 1943, hace 80 años, pero sigue lúcida como en sus años mozos. Lo demuestra cada vez que ensarta el hilo en el ojal de la aguja, lo hace al primer intento y con una precisión de cirujano. La costura la lleva en los genes. Esta modista santeña es madre de siete (7) hijos, con 14 nietos y ocho (8) bisnietos.Actualmente, es beneficiaria del programa B/. 120 a los 65 del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y una orgullosa artesana que hace patria con su arte. Es una de las pocas mujeres en su pueblo que diseña la pollera de gala, la montuna santeña y la pollera blanca de lujo, entre otras.Cada uno de estos vestidos demanda una técnica depurada, que solo se consigue con la experiencia que consagran los años. Confeccionar una pollera es un trabajo complejo que exige mucha dedicación, paciencia y tiempo, por el hecho de que la mayor parte de su elaboración se realiza a mano.Para esta modista, la costura es un trabajo de jornada completa. Su día es parecido al de cualquier trabajador. Se levanta a las 5:00 a.m., toma una taza de café y a los primeros rayos del sol inicia su jornada extendida. A esta artesana no la gobierna la manecilla del reloj. Está consciente que su trabajo puede tardar meses, inclusive años, porque para ella lo más importante es que, quien se ponga el traje típico nacional, se vea radiante y hermosa.Su trabajo puede apreciarse cuando la afortunada mujer luce la prenda. Al momento que toma los bordes de la falda y la extiende para bailar, se puede admirar la joya que Agripina confeccionó con tanto amor. Agripina explica que la labor de la pollera se hace en un solo color o en varios colores, siempre sobre tela blanca, en coordinación con los encajes de mundillo, los cuales son hechos a mano y ha pedido para la pollera específica. La pollera se complementa con un enjaretado que se hace en el cuello de la camisa del vestido, con lanas que terminan en un pompón delante, en el pecho de la mujer y otro en la espalda, en un color totalmente contrastante. Una pollera lleva grabadas figuras como: flores, rosa, bejucos, dibujos abstractos y ramos bien definidos. Agripina asegura que estos detalles complejos, hacen de la pollera el vestido típico más hermoso del mundo. Para ella, no hay traje que irradie tanta belleza como la pollera. El amor por la polleraDoña Agripina pertenece a una exclusiva generación de mujeres que aprendieron a tejer empíricamente, sin asistir a un curso, sin la ayuda de instructores, sin clases tutoriales. Simplemente, prestaron atención y aplicaron la vieja técnica del ensayo y error.Hay mucha historia corriendo entre las manos de Agripina. Se cree que la pollera deriva del vestido español del siglo XVI o XVII. Fue heredado, pero de una forma más simple y sencilla, por los substratos medios y bajos de la sociedad para sus faenas diarias o para ir a las celebraciones de las regiones donde vivían.A pesar de su avanzada edad, Agripina afirma que seguirá elaborando polleras, porque disfruta de este trabajo. En beneficio de las personas mayores La historia de Agripina es parecida a la de las 122,312 personas adultas mayores, que trabajaron toda su vida en la informalidad y que nunca pudieron acceder a un programa de jubilación o pensión.Solo en la provincia de Los Santos existen 7,914 personas adultas mayores bajo la protección del programa B/. 120 a los 65, que les permite a sus beneficiarios acceder a la compra de alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad.

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